23-julio-1968 San Francisco
El tema de esta noche es el poder. No me refiero al poder del César, estoy hablando esta noche del poder de Dios, porque aquí en este mundo del César creo que todas las naciones admitirían que esta tierra nuestra es, con mucho, el mayor poder en el mundo del César: poder económico y poder militar. Y aquí estamos, contra una nación de décima categoría, y tenemos en nuestras manos la guerra más larga de nuestra historia. Decimos que tenemos un objetivo y que tenemos los medios para lograrlo, pero no estamos dispuestos a utilizar los medios que tenemos. Pues bien, modificar el objetivo para adaptarlo a los medios que estemos dispuestos a utilizar. Eso pertenece al mundo de César. Si no modificamos el objetivo para adaptarlo a los medios que estamos dispuestos a utilizar, entonces cortamos el anzuelo y lo olvidamos, y olvidamos el llamado “salvar las apariencias”. Pero no me refiero a ese tipo de poder. Estoy hablando del poder de Dios, que en las Escrituras se llama “Jesucristo”. Pablo define a Cristo como “el poder de Dios y la sabiduría de Dios”. Aquí encontramos sabiduría y poder exaltados y personalizados como compañeros de Dios en la creación del mundo.