El caballero escribió: “Mientras estaba sentado en mi oficina yo estaba aburrido y pensé, 'Ciertamente debe de haber una manera más agradable de ganar el doble de lo que estoy ganando ahora'.

Bueno, decidí allí mismo que yo lo haría. Durante unos días me imaginé teniendo esa cantidad y luego, puesto que nada había cambiado en mi mundo, me pregunté si realmente era posible. Inmediatamente detuve ese pensamiento y volví a representar la escena, que implicaba que yo estaba ganando el doble de lo que estaba ganando en ese momento.

No especifiqué de qué trabajo se trataba, sólo el dinero involucrado.Dos semanas más tarde, un hombre que había conocido casualmente hace tres años me pidió que fuera a trabajar para él. Él nunca había hecho eso antes, sin embargo ahora era insistente y cuando mencionó el salario era exactamente el doble de lo que yo estaba ganando. Así que me fui a trabajar para él.

Mientras estaba allí me dije a mí mismo: 'Esto es mágico, de modo que ¿por qué debería trabajar? ¿Por qué no tener un ingreso igual a todo lo que necesito sin [tener que recurrir a] un trabajo?' Así que esto es lo que hice. Me imaginé yendo a mi buzón, abriéndolo y sacando las cartas habituales, correspondencia, facturas y un sobre no identificado. Al llegar a casa abrí el sobre y encontré un cheque por la cantidad que yo pensaba que necesitaría para un largo, largo periodo sin trabajar. Luego ví esa cantidad sumada a mi hoja de balance del banco. Hice eso cada noche cuando me iba a dormir.

Dos semanas después, no viendo evidencia de esto en absoluto, me dije: '¿Te estás volviendo loco? Esto es completamente estúpido.'” Luego, él agregó como un pequeño comentario, “Como una vez pensé que tú lo estabas”.Bueno, él no es el único que ha pensado que yo estaba loco. Incluso el que despertó en las Escrituras fue llamado loco. Léelo en el capítulo 10 de Juan, “'Nadie me quita la vida, yo mismo la doy. Tengo el poder para darla y el poder para volverla a tomar.' Entonces los que oyeron esto dijeron, '¿Por qué le escuchamos? Tiene un demonio y está loco.'”

En la ciudad de Nueva York, en 1939, había una librería en la calle 49 en la que me encantaba pasar mis días. Yo no tenía libros impresos en aquel entonces, pero los propietarios habían puesto mi foto en el escaparate. Ese día, cuando me acerqué a la tienda de libros, dos señoras estaban mirando el escaparate. Una de ellas señaló mi foto y dijo, “¿Sabes quién es? Es el místico loco de la calle 47. Deberías oírle. ¿Sabes qué le dice a la gente? Que su conciencia es Dios. Te dice que la imaginación crea la realidad. ¿No es la cosa más tonta del mundo? Tienes que ir a oírle una noche.”

Eso ocurrió hace muchos años, pero ahora este señor cuestiona su propia cordura como una vez cuestionó la mía.“Pero”, continúa él, “dos semanas más tarde me reuní con un amigo con el que había acordado que nos veríamos muchos meses antes. Mientras estábamos hablando me dijo que acababa de heredar una gran suma de dinero de un pariente desconocido y decidió compartir conmigo cierta cantidad de ese dinero, que resultó ser exactamente la misma cantidad, hasta el último dólar, que yo había imaginado, así que la acepté. Ese verano hice todas las cosas que he querido hacer toda mi vida. Fui a la playa, estuve descansando y en general disfruté de mí mismo.

Luego, un hombre al que nunca antes había visto me llamó y me pidió que fuera a trabajar para él. Le dije que yo no quería trabajar para nadie, pero él insistió, así que tomé algo de mi trabajo y fui a verle. Al hombre le gustó tanto mi trabajo que llamó a su cliente principal y fuimos a verle de inmediato. Cuando entré en la oficina del cliente supe que yo ya había estado allí antes. Reconocí la pared con paneles, el roble gigante que podía ser visto desde la ventana, así como la planta de la esquina de la habitación. Incluso el hombre era el mismo que yo había visto, no físicamente, sino en mi imaginación. Después de aceptar el trabajo regresé a casa y recordé. Esta es la gran lección que me enseñó.Recordé que yo estaba sentado en mi escritorio y dejé que mi mente divagara.

Mientras mi mente divagaba entré en esa oficina con paneles desde la que miré a través de esa ventana el roble gigante. Recordé que estuve viendo al hombre y la planta. Habiéndolo visto en mi imaginación, esta es mi conclusión: La imaginación crea la realidad de la manera más determinada y definitiva que el hombre pueda nunca imaginar. No solamente el acto imaginativo intencionado crea un hecho, sino que todo el mundo está viviendo según este principio a cada momento del tiempo tanto si lo sabe como si no le importa saberlo. Tanto si lo cree o no quiere creerlo, nadie puede eludir el principio de que la imaginación crea la realidad. No son solamente los actos imaginativos intencionados, sino todo acto imaginativo, pues yo no entré en esa habitación intencionadamente.”