El tema de esta noche es “Los puros de corazón”. Creo que todos conocéis la sexta bienaventuranza: “Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios” (Mateo 5,8). Me atrevo a decir que sería imprudente elegir entre las bienaventuranzas y, sin embargo, escucho que la mayoría de la gente considera esta bienaventuranza como la estrella más brillante del cielo. Realmente parece lo más inaccesible, no sólo la promesa sino la condición que se debe cumplir para que la promesa se cumpla: pues debemos ser puros de corazón para ver a Dios. ¿Y qué no daría el hombre por ver a Dios? Y, sin embargo, todo lo que necesita hacer en este mundo es cumplir la condición: ser puro de corazón.