“En tus miembros yacen dos naciones, razas rivales desde su nacimiento; una ganará el dominio, la más joven sobre la más vieja reinará.” (Genesis 25:23, traducción de Moffatt)

Estas están en tu individualidad. Se nos dice que la más joven, que naturalmente es la segunda – el “segundo hombre” – es el Señor de los Cielos. Ese es el segundo hombre; Él duerme en ti. Tú le despertarás, y Él se convertirá en el Maestro. Él reinará. Por el momento, en la mayoría del mundo, están totalmente inconscientes de esto. Entonces, Él duerme, y así Él no reina. Ese conocido en las Escrituras es llamado Jesucristo. El Señor Jesucristo es tu propia maravillosa imaginación humana. ¡Ese es Dios!



Ahora, el mundo entero, y todo dentro de él, no es nada más que el apaciguamiento del hambre. Eso es todo en la vida: el apaciguamiento del hambre. Y hay infinitos estados desde los cuales el Señor puede ver al mundo apaciguar ese hambre. El “primer hombre” no puede hacerlo. Él puede alimentarse sólo de lo que sus sentidos dictan. Donde quiera que esté, él se alimenta de los hechos de la vida como él ve los hechos.

Se necesita al “Segundo Hombre” para desembarazarse de esa restricción y entrar en un estado – cualquier estado en el mundo – y alimentarse de él, y luego – con el tiempo – traer al “primer hombre” para alimentarse de él.

Se nos dice en el capítulo 14 de Juan: “Que vuestro corazón no esté perturbado, ni tengáis miedo. Creéis en Dios, creed en mi también.” (Juan 14:1) Ahora, este no es un hombre hablándote desde fuera. “Cree también en mi.” “Creéis en Dios, creed también en mi.” En el mismo capítulo Él te va a decir ¡que Él es Dios! ¿Pero qué hombre creería realmente que esta presencia dentro de él es Dios?

Ahora, Él te dice: “Estad tranquilos y sabed que Yo soy Dios.” (Salmo 46:10) Este no es otro hombre hablándote, aparte de ti mismo, “Estad tranquilos, y sabed que 'Yo Soy' es Dios.” ¿Puedes creer eso? Si puedes creer eso, entonces todas las cosas son posibles para ti. Pues “todas las cosas son posibles para Dios.” (Mateo 19:26) ¿Puede un hombre realmente creer eso? Eso es lo que se me dice en el Salmo 46, “Estad tranquilos, y sabed que Yo ...” Pon la palabra correspondiente ahí ahora.

Ahora, se nos ha dicho que Él duerme, y entonces viene la llamada: “Despiértate. ¿Por qué duermes, Oh Señor? No nos rechaces para siempre.” (Salmo 44:23) Éste duerme en el hombre. El Hombre tiene que despertarlo. ¡Él no sabe que su propia maravillosa imaginación humana es Dios!

Ahora, “En la casa de mi Padre hay muchas moradas. ¿Si no fuera así, Yo os hubiera dicho que voy a preparar un lugar para vosotros? Cuando vaya vendré de nuevo, y os recibiré en mí, para que donde Yo estoy, ahí podáis estar vosotros también.” (Juan 14:2, 3) Ahora, esta conversación tiene lugar en tu individualidad, entre los dos.

Yo estoy hablando ahora a mi yo, “En la casa de mi Padre” – Yo soy el Padre “... hay innumerables moradas” – estados de conciencia. “¿Si no fuera así, os habría dicho que voy a preparar un lugar para vosotros? Y cuando vaya, vendré de nuevo, y os recibiré en mí, para que donde Yo estoy podáis estar vosotros también.”

Yo me encuentro aquí, y mis sentidos me atan aquí a esta habitación, pero yo no quiero estar aquí. Quiero estar en otra parte. Yo conozco mi saldo en el banco. Conozco mis obligaciones en la vida. Estoy atado por lo que conozco. El “hombre externo” se alimenta de eso, pero él quiere más que eso. Hay algo en mí – el “Segundo Hombre” que ha nacido del Cielo – que está diciéndome que hay “innumerables moradas” a las que yo puedo ir – tú no puedes ir –, Yo puedo ir y prepararlas para ti. Pero, “cuando Yo vaya a prepararlas para ti, vendré de nuevo y te recibiré en mí mismo, para que donde yo estoy, ahí estéis vosotros también.” Ahora, ¿cómo lo hago?

Yo echo una mirada a mi mundo, y estoy muy restringido. Todo sobre mí es algo que me gustaría romper – trascenderlo, convertirme en una persona más grande, una persona más segura, donde yo esté haciendo una tarea mayor en el mundo. Todas esas cosas me gustaría hacerlas, pero la razón me dice que no estoy haciéndolas, y mis sentidos confirman a mi razón. Ahora, ¿hay algo en mí, que es mi Verdadero Yo, que puede hacerlo? Sí, mi imaginación puede hacerlo.

En mi imaginación, yo voy y preparo el estado. Realmente voy al estado y lleno ese estado con mi propio ser, y veo el mundo desde ese estado. No pienso en él; pienso desde él. Cuando pienso desde él, estoy realmente preparando ese estado.

Entonces regreso a donde yo dejé a éste – “el hombre externo” –, y una vez más me fusiono con él, y nos hacemos uno, otra vez. Ahora lo llevo a través de un puente de incidentes – una serie de acontecimientos – que me lleva hacia lo que yo he preparado, y lo llevo conmigo y entro en el estado mismo. Él se alimenta ahora, literalmente, de ese estado. Esto es lo que yo llamo orar. Yo no voto por él, no hago petición, no pido a ningún ser en el mundo – a nadie, incluyendo al que el mundo diría que es Dios. Pues cuando encuentras a Dios estando tranquilo, y sabes que “Yo Soy” es Dios, ¿entonces a quién puedes dirigirte para algo en este mundo, si realmente crees en las Escrituras: “Estad tranquilos y sabed que Yo soy Dios”? Entonces, ¿a quién podrías dirigirte? Es una comunión interna con el Yo. Pero el hombre le habla a un dios fuera y suplica a un dios fuera, y mendiga a un dios fuera.