Fecha de la conferencia: 28 de noviembre de 1966
El tema de esta noche es “Un apóstol”. Realmente debería haber dicho El Apóstol, pero lo dejamos pasar. En la epístola a los Hebreos tenemos esta declaración… y aquí Hebreos es completamente anónimo, nadie sabe quién lo escribió. Los eruditos han especulado y pensado que fue Pablo, y sin embargo, Pablo es tan anónimo como Mateo, Marcos, Lucas y Juan… toda la Biblia es anónima. Pero en la epístola a los Hebreos, capítulo 3, dijo: “Santos hermanos, participantes del llamamiento celestial, considerad a Jesús, el apóstol y sumo sacerdote de nuestra confesión” (3:1). En esta epístola la palabra apóstol se aplica sólo a Jesús, como si no hubiera otros apóstoles. ¿Puedo decirles que tiene razón… quienquiera que lo haya escrito, tiene razón? La palabra apóstol significa “alguien que es enviado, no como un simple enviado sino como alguien que está autorizado a hablar en nombre de aquel que lo ha enviado”. Entonces, a lo largo del evangelio de Juan se lee: “El que me ve, ve al que me envió” (Juan 12:45). Aquí encontramos al apóstol. Sin explicar por qué, decimos simplemente Pablo, como si fuera una persona. Pablo es un estado tanto como Abraham lo es. Bueno, decimos Pablo, y lo establece como cualificación indispensable para el apostolado, es decir, haber visto a Cristo resucitado. Él dijo: “¿No soy libre? ¿No soy apóstol? ¿No he visto a Jesús nuestro Señor?” (1 Corintios 9:1). Ése es el requisito indispensable para el apostolado: haber visto a Cristo resucitado.