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Jesucristo, la verdadera identidad del hombre

No tenía ni idea de que fuera un estado tan extático, porque siempre me habían enseñado que era un estado doloroso, horrible, y no lo era en absoluto. Los clavos eran vórtices: mi cabeza, mis manos, mis pies, mi costado, todo un vórtice.

Actualizado el 9 de may. de 2026