Mucho antes de que Neville Goddard subiera a un podio, predicando el poder de la imaginación, ya estaba en un tipo de escenario muy diferente: prácticamente desnudo, envuelto en tirantes y lentejuelas, en sorprendentes poses dramáticas para la alta sociedad europea.
Sí, antes de convertirse en la leyenda metafísica que conocemos hoy, Neville era un bailarín de salón profesional y actuaba con su compañero Amerique en Ciro's en Londres, el Wintergarten en Berlín y el Ambassador en París. Y, como lo demuestra la foto, no tenía miedo de una pequeña exposición, digamos, artística.