(Julio de 1951) ¿Cuántas veces hemos oído a alguien decir: “Oh, es sólo su imaginación”? Sólo su imaginación, la imaginación del hombre, es el hombre mismo. Ningún hombre tiene muy poca imaginación, pero pocos hombres han disciplinado su imaginación. La imaginación en sí misma es indestructible. Ahí reside el horror de su mal uso. Diariamente, nos cruzamos con algún extraño en la calle y lo observamos murmurando para sí mismo, manteniendo una discusión imaginaria con alguien que no está presente. Discute con vehemencia, con miedo o con odio, sin darse cuenta de que está poniendo en movimiento, con su imaginación, un evento desagradable que pronto ocurrirá.encuentro.
El mundo, tal como lo ve la imaginación, es el mundo real. No son hechos, sino productos de la imaginación los que dan forma a nuestra vida diaria. Son los de mentalidad exacta y literal los que viven en un mundo ficticio. Sólo la imaginación puede restaurar el Edén del que nos ha expulsado la experiencia. La imaginación es el sentido mediante el cual percibimos lo anterior, el poder mediante el cual convertimos la visión en existencia. Cada etapa del progreso del hombre se logra mediante el ejercicio de la imaginación. Sólo porque los hombres no imaginan ni creen perfectamente, sus resultados son a veces inciertos, cuando siempre podrían ser perfectamente seguros. La imaginación decidida es el comienzo de toda operación exitosa. La imaginación, por sí sola, es el medio para realizar la intención. El hombre que, a voluntad, puede evocar cualquier imagen que le plazca, está, en virtud del poder de su imaginación, menos sujeto al capricho. El solitario o cautivo puede, mediante la intensidad de la imaginación y el sentimiento, afectar a miríadas de modo que pueda actuar a través de muchos hombres y hablar a través de muchas voces.“Nunca debemos estar seguros”, escribió William Butler Yeats en su IDEAS DEL BIEN Y DEL MAL, “de que no fue una mujer que pisaba el lagar quien inició ese cambio sutil en la mente de los hombres, o que la pasión no comenzó en la mente de algún pastorcillo, iluminando sus ojos por un momento antes de seguir su camino”.